Fotografías, objetos, pinturas, dibujos y videos. La segunda edición del premio de la Fundación Andreani permite tomar el pulso al arte contemporáneo, no sólo en relación con los variados lenguajes utilizados, sino también por las preocupaciones estéticas y artísticas que pueden advertirse. Lo que el público podrá ver a partir de mañana a las 20.30 en el Museo Timoteo Navarro (9 de Julio 44) es un conjunto potente y un buen registro de lo que se hace en el país, según comentó el curador Daniel Capardi.

De los 1.500 proyectos presentados, 100 fueron los seleccionados, y finalmente son 55 las obras que se exhibirán en el Timoteo Navarro, luego de que la muestra se inauguró en Córdoba y recorrió Mar del Plata. El montaje no se divide por disciplinas ni por géneros, y procura establecer un diálogo entre ellos. Puede señalarse, en general, que en el perfil del salón no habitan los artistas consagrados ni tampoco los emergentes.

De entrada se observa que se trata de exposición heterogénea: por ella desfilan el pop que linkea con el kitsch (la pintura "El hit del verano", de Cotelito, el bordado "Inquietante escena", de Leo Chiachio y Daniel Giannone, o la fotografía "Lifestyle", de Fabián Ramos, por ejemplo); óleos geométricos ("Almacén eléctrico", de Silvia Gurfein), abstractos ("Sin título", de Tiziana Pierri) y figurativos ("Club Atlético Populista Intelectual", de Carlos Huffmann); registros autorreferenciales como el video "Sospechoso" de Juan Der Hairabedian, y otros, sociales, como el de Dolores Cáceres ("Sobreentendidos", video documental). Imágenes de la vida cotidiana motivan la fotografía de Rodrigo Fierro ("Una pinturita"), las de Melina Rodríguez Giles, o el videoperformance "Luna de miel", de Adriana Bianchi. El objeto "Figura rosa" (Karina Peisajovich) es de una impecable rigurosidad geométrica. Y en el primer premio "Que hace que un macciö de tamaño impida olvidar la instalación de un acelerador de patrioplasma", de Lux Lindner, se plantea con claridad una pintura que escapa hacia el dibujo.

Un cable que lleva colgado un billete de dos pesos se extiende por el centro de la sala: es la instalación "Cablerío", de Leopoldo Estol; y el segundo premio, "Fragor disciplinado", de Guillermo Iuso, es una pintura que escapa a su noción tradicional: esmalte sintético, vinilo, plastilina y otras materias cubren el capó de un auto (el soporte), en el que se lee "No me rindo ante el fragor disciplinado de mi autoestima deforme". Una escultura de Miguel Harte que insinúa un misteriosa forma está ubicada a pocos metros de la fotografía "Amazonas", de Gaby Messina, una imagen decididamente freak; en el conjunto, la mirada no puede esquivar el fuerte verde de la pintura de Juan José Cambre, obra en la que apenas puede divisarse un retrato.

El trabajo romanticista con la luz puede apreciarse en las fotografías "Das Direktorium", de Christian Bordes; "Tintorería Japón, Saladillo", de Guillermo Srodek-Hart; y "Cine Teatro Centenario, Colón", de Estela Izuel.

En fin, mucho para ver y recorrer. De todos modos, vale aclarar, no están presentes aquí -entre otros- procesos de experimentación artísticos, como tampoco aquellos que destacan la ocurrencia y el humor por sobre toda consideración.